En el camino de regreso a la mansión, repasé mentalmente cada página del archivo y me detuve en la última, que había leído con una atención especial por su tono tajante y definitivo. No era una conclusión científica ni un resumen amable, sino una advertencia escrita para quienes continuaran el proyecto en el futuro, y su mensaje me persiguió durante todo el trayecto. La última página del archivo decía que no se debía perder a la participante bajo ningún concepto porque su memoria conservaba el patrón original.Parte 5. El plan B
Daniel notó mis preguntas con una rapidez que me inquietó, porque aunque yo intentaba disimular mi curiosidad, él parecía leer cada cambio en mi rostro y en mi forma de moverme por la casa. Aumentó sus atenciones de una manera casi exagerada, me traía flores con más frecuencia, preparaba desayunos más elaborados y me preguntaba constantemente si dormía bien, si me sentía cansada o si necesitaba algo. Yo agradecía cada gesto con una sonrisa cansada, mientras por dentro registraba aquel aumento de cariño como una señal de que él sabía que algo estaba cambiando entre nosotros. Fingí un cansancio mayor del que sentía, me acostaba temprano, hablaba más despacio y dejaba que él creyera que el compuesto estaba cumpliendo su efecto. Aquella actuación me resultaba dolorosa, porque convertía mi propio hogar en un escenario, pero también me daba tiempo para observar, anotar y protegerme.