El segundo análisis confirmó lo que yo temía y lo que mi cuerpo ya me estaba diciendo con su cansancio y sus olvidos crecientes. El compuesto provocaba olvidos, dificultad para concentrarse y un riesgo creciente para mi salud si la dosis seguía subiendo, y aquella confirmación me dejó al mismo tiempo aliviada y aterrada. Aliviada, porque por fin tenía una explicación que no era imaginación ni vejez, y aterrada porque comprendía que cada semana que pasaba sin detener el proceso me acercaba a un daño más profundo. El doctor Reyes me explicó los resultados con palabras claras, me mostró las gráficas y me advirtió que debía actuar con rapidez pero también con prudencia, porque Daniel y las personas detrás del instituto no se detendrían fácilmente. Guardé copias del informe en un lugar fuera de la mansión, junto con mis notas y las fotografías, para que ninguna prueba dependiera únicamente de mi memoria.
La bebida de cada noche