La bebida de cada noche

En la grabación, Daniel e Isabel hablaban de una fecha límite y de una decisión que yo debía tomar, aunque yo nunca había aceptado participar en nada ni había firmado ningún documento con conocimiento real. Escuché que, si Margarita no firmaba un consentimiento esa semana, deberían aplicar el plan B, y aquella expresión, tan fría y tan administrativa, me pareció más amenazante que cualquier grito. No sabía qué significaba exactamente el plan B, pero el tono de ambos me indicó que no era una alternativa amable ni una simple espera, sino una medida preparada para cuando la participante dejara de colaborar. Me quedé despierta largo rato, mirando el techo del dormitorio y pensando en la escuela, en el archivo, en la fotografía antigua y en la frase que decía que no se me debía perder bajo ningún concepto. Comprendí que mi negativa a firmar no me protegería por sí sola, porque quienes me observaban ya habían previsto mi resistencia.

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