La bebida de cada noche

A la noche siguiente, Daniel volvió a preparar mi bebida con la misma ternura de siempre, pero yo noté un cambio sutil en su mirada, como si estuviera esperando una reacción o una decisión que aún no llegaba. Fingí beber con calma, guardé el resto cuando pude y me acosté temprano, y él se quedó un rato en el despacho hablando de nuevo por teléfono. Me levanté sin hacer ruido, me acerqué a la puerta y escuché su voz, primero firme y luego cada vez más baja, como si temiera que las paredes de la mansión pudieran delatarlo. En aquel susurro reconocí el miedo de un hombre atrapado entre un acuerdo y una esposa que empezaba a ver con claridad, y también reconocí la voz de Isabel al otro lado, fría y precisa. Daniel bajó aún más la voz y dijo que el plan B era ingresarla en una clínica alegando confusión, con la firma de su esposo como autorización.Parte 6. El especialista amigo

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