La bebida de cada noche

Isabel me aseguró que el estudio buscaba una cura y que mi caso era importante precisamente porque mi memoria conservaba algo valioso, y habló de la investigación como si fuera un proyecto noble y no una trama construida a mis espaldas. Me dijo, con una seguridad que me heló, que yo ya había aceptado colaborar cuando era joven, cuando trabajaba en la escuela y participaba en aquel estudio sobre la memoria de las maestras que había quedado archivado sin resultados públicos. Negué con la cabeza, porque yo nunca acepté participar en ninguna investigación médica y porque nadie me había explicado jamás que aquellas pruebas, entrevistas y muestras de sangre formaran parte de algo que seguiría persiguiéndome más de treinta años después. Isabel no discutió, solamente sonrió como si mi negativa fuera un síntoma más, y me explicó que el olvido, el cansancio y la dificultad para concentrarme podían hacerme dudar incluso de mis propias decisiones.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *