La bebida de cada noche

Antes de que pudiéramos presentar la denuncia, Daniel recibió un mensaje de Isabel y, por un instante, su teléfono quedó a la vista mientras él lo leía con el rostro tenso. Me acerqué sin hacer ruido, alcancé a leer por encima de su hombro y sentí que el tiempo se detenía, porque aquel mensaje no hablaba de esperar, de negociar ni de convencer, sino de adelantar todo. Daniel intentó guardar el teléfono, pero ya era demasiado tarde para borrar lo que yo había visto, y la frase quedó grabada en mi mente con una claridad que ningún olvido podía tocar todavía. El mensaje decía: “La fase final se adelanta a esa misma noche porque los análisis de Margarita muestran que la ventana del estudio se está cerrando”.Parte 10. La visita nocturna

La noche cayó sobre la mansión con una lentitud cruel. Cada sombra del pasillo me recordaba que el plazo se había adelantado. Isabel podía aparecer en cualquier momento, y yo no tenía margen para un error. Daniel caminaba por el salón con el teléfono en la mano. Intentaba disimular su inquietud con gestos de cariño, pero sus dedos temblaban cada vez que la pantalla se iluminaba. Yo repasé en silencio la señal acordada con el doctor Reyes, porque si Isabel lograba una firma, mi voz dejaría de contar en mi propia casa.

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