La bebida de cada noche

Un oficial me informó después de que Isabel y Daniel quedaban detenidos por coacción, falsificación y administración de una sustancia sin consentimiento. Me explicó que la investigación continuaría con los informes del laboratorio, los movimientos de dinero y los contratos del instituto. Yo escuché en silencio, con las manos alrededor de una taza de agua que no bebía, y pensé en las mañanas en que había dudado de mi propia memoria. La detención no borraba el daño, pero ponía un límite claro a lo que podían hacerme. Por primera vez, la palabra víctima no me pesaba tanto como la palabra testigo.

Cuando me llevaban hacia otra sala, vi a Isabel al final del pasillo, custodiada por dos agentes y sin rastro de nerviosismo. Mantenía la espalda recta, el abrigo bien abrochado y una calma que me resultaba inquietante, como si la detención fuera solo un trámite incómodo. Un oficial le preguntó si quería añadir algo a su declaración, y ella giró la cabeza despacio, como si buscara a alguien entre las personas presentes. Yo me detuve sin querer, porque su expresión no era de derrota, sino de seguridad. Isabel sonrió y dijo que Esteban Marín ya tenía preparada a otra participante y que yo solo era la primera pieza del proyecto.Parte 12. El antídoto perdido

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