Nada garantizaba por sí solo que un juez le entregaría automáticamente la propiedad completa, le había explicado Lucía.
Pero sí tenía suficientes elementos para impedir que Rodrigo vendiera algo a escondidas y para disputar cualquier intento de engaño.
Además, el supuesto poder que Rodrigo pensaba hacerle firmar todavía no existía.
Habían llegado a tiempo.
A las nueve, Mariana entró en el dormitorio de Teresa.
Su suegra estaba acostada de lado.
—Buenos días, doña Teresa.
Teresa parpadeó.
Mariana colocó una tableta sobre la cómoda.
—Hoy no le voy a traer el desayuno a la cama.
Teresa frunció apenas el ceño.
Mariana presionó reproducir.
En la pantalla apareció Teresa caminando hacia la cocina.
Después preparando huevos.
Después bailando.
Después haciendo sentadillas.
Finalmente apareció la conversación telefónica.
“Pobrecita, ya parece fantasma. Pero Rodrigo dice que aguante un poco más.”