Sin revelar todavía mi identidad completa, convoqué a Wells Development a una reunión en Northbridge bajo el pretexto de evaluar una posible refinanciación de Briarwood. Redacté la invitación sin promesas que pudieran interpretarse como un compromiso. Marcos preparó la sala y se aseguró de que nadie mencionara mi participación accionaria antes de tiempo. Nina revisó la convocatoria. Llegué temprano, me senté en el lugar que siempre ocupo cuando presido una reunión y sentí que el juego pasaba del salón privado de un restaurante a mi propio terreno.
El padre de Arturo llegó con la seguridad de quien está acostumbrado a que su apellido abra puertas, acompañado de su abogado. Presentó el proyecto como una oportunidad segura, habló de demanda y de ubicación, y evitó con elegancia cualquier mención a los problemas que yo ya había visto en Briarwood. Su discurso era fluido y entendí por qué tantos habían confiado en él: convertía una deuda en un plan y un embargo en un trámite pasajero. Yo lo escuchaba tomando notas, sin interrumpirlo, porque quería que su versión quedara completa antes de hacer las preguntas que realmente importaban.