—Los niños no son responsables de la mentira de ustedes —dijo—. Aquí nadie va a tratarlos como un escándalo.
Después volvió a mirar a Daniela.
—Pero tú sí vas a explicar todo.
En ese momento entré bajo la carpa.
Al principio solo unas cuantas personas me reconocieron. Luego los murmullos corrieron de mesa en mesa.
—Es Valeria.
—La exesposa.
—Dios mío.
Santiago me vio y su expresión cambió de incredulidad a furia.
—¿Tú hiciste esto?
Caminé hasta el escenario sin apresurarme.
—No, Santiago. Tus decisiones hicieron esto.
Daniela me miró con un odio casi infantil.
—Siempre quisiste destruirnos.
—No. Si hubiera querido destruirte por acostarte con mi esposo, habría reaccionado hace meses. Vine por algo bastante menos romántico.
Abrí el portafolio y saqué una carpeta azul.
Santiago reconoció el logotipo de la firma auditora antes de que yo dijera una palabra.
—No te atrevas.