Le envié copias verificables del expediente, sin conclusiones melodramáticas. Solo fechas, recibos, registros y el nombre del donante.
La respuesta de Beatriz fue breve:
“Yo me encargo de mi familia.”
El sábado siguiente, los Alcázar organizaron en su residencia de Guadalajara una celebración enorme para presentar y bautizar a los gemelos. Santiago invitó empresarios, abogados, médicos, políticos locales y amigos de generaciones enteras.
No era una reunión familiar.
Era una coronación.
Yo llegué a Guadalajara el día anterior y me hospedé en un hotel a pocas calles. Desde mi habitación se alcanzaban a ver las carpas blancas, los arreglos azules y rosas y el personal entrando y saliendo de la propiedad.
Esa noche recibí el último documento que necesitaba.
No tenía relación con los bebés.
Era una auditoría forense de NexoTech.
Los “gastos de consultoría” que yo había seguido durante meses financiaban el departamento de Daniela, viajes, joyas y parte del tratamiento de fertilidad. Peor aún: Santiago había autorizado transferencias desde cuentas de la empresa hacia sociedades sin servicios comprobables.