Ryan hizo un gesto hacia los invitados.
—Mira, aquí hay gente importante. No puedo quedar como alguien que organiza una fiesta y luego se queda corto. Tú sabes cómo son estas cosas.
Lo miré un momento. Durante años había escuchado explicaciones parecidas. A veces era una urgencia de trabajo. Otras, una cuenta que no podía esperar. Siempre había alguna circunstancia por la que mi hermano necesitaba que yo lo ayudara sin hacer demasiadas preguntas.
No era que jamás hubiera agradecido mis favores. Había momentos buenos entre nosotros, recuerdos de cuando éramos jóvenes y nos acompañábamos en las dificultades. Tal vez por eso me costaba reconocer que algunas de sus peticiones ya no parecían ayuda entre hermanos, sino obligaciones que él había decidido por mí.
Sin embargo, aquella noche había una diferencia que no podía ignorar.
Lily seguía a mi lado, sosteniéndose la bolsa contra el cuerpo. Mi hermano acababa de hacerla sentir que no tenía lugar entre las personas que él consideraba importantes, aunque ella había participado en la organización de su regalo.