No le dije a mi mejor amigo que me iba cinco años porque me a-cu-só de pla-gio para proteger a otra mujer

Y que una persona puede irse sin convertirten su enemiga.

Adrián siguió escribiendo.

No frecuentemente.

Una vez cada varios meses.

Nunca respondí.

En el segundo año:

«Hoy pasé por nuestra escuela primaria. Cerraron la papelería de la esquina. Pensé en todas las veces que comprabas bolígrafos ahí y los perdías antes de llegar a casa».

En el tercero:

«Tu madre me contó que publicaste en Nature Communications. Felicidades. No te preocupes, no le pedí más detalles».

En mi cumpleaños:

«Feliz cumpleaños. No hace falta que respondas».

Una Navidad:

«Mi madre hizo demasiado pastel. Dijo que antes tú te comías la parte de chocolate para que yo no lo hiciera porque me dolía el estómago. Creo que durante años asumí que siempre estarías en todos los recuerdos futuros porque estabas en todos los anteriores».

Ese correo sí me hizo llorar.

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