No le dije a mi mejor amigo que me iba cinco años porque me a-cu-só de pla-gio para proteger a otra mujer

No porque quisiera volver.

Porque lo entendí.

Yo también había cometido el mismo error.

Creer que la duración del pasado garantizaba el futuro.

No lo hacía.

En el tercer año volví a casa durante diez días.

No se lo dije a Adrián.

Naturalmente.

Lucía vino a buscarme.

—¿Quieres apostar cuánto tarda en enterarse?

—No.

—Yo digo cuarenta y ocho horas.

—Lucía.

—Tu madre no sabe guardar secretos.

—No es un secreto.

—Es información que no quiero que le dé.

—Eso se llama secreto en las familias.

Tenía razón.

Adrián apareció al tercer día.

No en mi casa.

No en la de mis padres.

En la cafetería frente a la universidad, donde yo había quedado con mi antiguo profesor.

Lo vi entrar.

Tres años.

Había cambiado.

Más delgado.

El cabello un poco más corto.

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