Mi teléfono vibró.
Un mensaje de mi director de tesis.
«Elena, surgieron nuevas pruebas sobre Camila. Necesitamos hablar antes de que embarques».
Debajo llegó otro.
Esta vez era de Adrián.
Solo tres palabras.
«¿Dónde estás?»
Lo miré.
Después bloqueé su número.
Y entregué mi pasaporte.
Porque él había tenido veinte años para saber quién era yo.
Si una sola estudiante había bastado para que dudara…
no necesitaba cinco minutos más para despedirse.
Parte 2
El profesor Herrera me llamó cuando ya estaba frente a la puerta de embarque.
Lucía
me miró.
—¿No vas a contestar?
Observé el nombre en la pantalla.
—Es el profesor.
—Entonces sí deberías.
Respondí.
—Profesor.
Su voz sonaba grave.
—Elena, ¿sigues en la ciudad?
—Estoy en el aeropuerto.
Hubo una pausa.
—¿Hoy era tu vuelo?
—Sí.
—No sabía que te ibas tan pronto.