—Hablamos cuando necesité botas. Dijiste que las pegara.
Metí sus camisas.
—Hablamos cuando Camila necesitó tenis. Dijiste que usara unos viejos.
Guardé sus documentos.
—Hablamos cuando tu hermana quiso una boda que no podía pagar. Ahí sí apareció dinero.
Andrés intentó detenerme.
—Es mi familia.
Me giré.
—Camila también es tu familia.
Aquello lo dejó sin palabras.
Graciela entró hecha una furia.
—¡Ya basta! ¡Mi hijo no se va a ningún lado!
—Entonces puede quedarse contigo.
—Mi casa está llena. Fernanda y su prometido estarán ahí después de la boda.
—Ese ya no es mi problema.
Graciela señaló el departamento.
—Tú no puedes echarlo así.
Le mostré las escrituras.
Después le enseñé en mi teléfono el mensaje de la abogada.
El departamento había sido una herencia anterior al matrimonio. Andrés no era copropietario. Tampoco existía ningún crédito común sobre la vivienda.