ntht/ Mi esposo vio mis botas rotas y soltó: “Pégalas, la boda de mi hermana es más importante”. Después quiso entregar mis 65,000 pesos a su madre mientras nuestra hija necesitaba zapatos nuevos. Yo solo bloqueé la cuenta y guardé silencio. Dos días después, toda su familia llegó furiosa… sin imaginar de quién era realmente la casa.

—¿Qué vas a hacer?

Tomé mi teléfono.

—Llamar a la policía si ustedes no salen de mi casa.

Graciela soltó una carcajada.

—A ver si te atreves.

—Ya hablé con una abogada el sábado.

La sonrisa se le borró.

Andrés me miró como si tuviera enfrente a una desconocida.

Y quizá era cierto.

La Natalia que aguantaba todo por miedo a destruir su familia ya no existía.

—Tienes veinte minutos para recoger tus cosas —le dije—. Y será mejor que lo hagas rápido, porque hay algo más que descubrí cuando fui al banco.

Andrés dejó de respirar por un segundo.

Su madre también.

Ninguno de los dos imaginaba que aquella boda estaba a punto de costarles mucho más que 65,000 pesos.

PARTE 3

Andrés cerró la puerta de la recámara detrás de nosotros.

—¿Qué descubriste?

Por primera vez no estaba enojado.

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