Ella permaneció junto a la puerta.
—Sí.
El hombre sonrió.
—Mi nombre es Viktor Marković.
Ana sintió que la sangre se le helaba.
El hijo del hombre mencionado por Milena.
—¿Qué desea?
Viktor miró la casa.
—Esta propiedad perteneció a mi familia durante generaciones.
—Ahora es mía. Tengo los documentos.
—No he venido a discutir eso.
Sacó una tarjeta de presentación.
—He venido a hacerle una oferta.
Ana no la tomó.
—No estoy interesada.
Viktor sonrió.
—Ni siquiera sabe cuánto estoy dispuesto a pagar.
—No quiero vender.
Su expresión cambió.
—Le ofrezco cincuenta mil euros.
Ana