Fotografiaron las huellas junto a la ventana.
Y escucharon su relato.
Uno de ellos, el inspector Nikola Radić, observó el cuadro.
—¿Dice que encontró objetos valiosos detrás de esto?
Ana asintió.
—Sí.
—Necesitaremos documentar el hallazgo y comprobar si existe alguna reclamación legítima sobre esos bienes.
—Lo entiendo.
Nikola la miró.
—¿Tiene algún lugar seguro donde quedarse?
Ana negó.
—No tengo a nadie.
El inspector observó su embarazo.
Su expresión se suavizó.
—Entonces intentaremos ponerla en contacto con los servicios sociales del municipio. No debería permanecer sola
aquí mientras investigamos las amenazas.
Ana sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas.
—Gracias.
Dos días después, Ana recibió una visita inesperada.
Un automóvil negro se detuvo frente a la casa.
De él bajó un hombre de unos cuarenta y cinco años.
Llevaba un abrigo caro y zapatos impecables.
—¿Señora Ana Petrović?