A veces preparábamos carne asada en el patio.
Un domingo llevó un marco nuevo para nuestra fotografía de bodas.
Sacó con cuidado la foto de Elena de la caja de cedro y la colocó dentro.
—Creo que mamá estaría muy enojada conmigo —dijo.
—Sin duda.
Sonrió apenas.
—Pero también creo que ya me habría perdonado.
—También.
—Tú tardas más, ¿verdad?
Lo miré.
—Tu madre siempre decía que yo era demasiado lento para todo lo importante.
Los dos reímos por primera vez en muchos meses.
En diciembre reuní a Javier, Carolina, Teresa, Ricardo y algunos de nuestros proveedores más antiguos en la oficina de la bodega.
Creyeron que iba a anunciar mi jubilación.
Se equivocaron.
Había decidido transformar una parte importante de Carnes Ramírez Premium en una fundación que llevaría el nombre de Elena.
La Fundación Elena Ramírez ofrecería capacitación a jóvenes de familias trabajadoras que quisieran aprender logística de alimentos, administración, seguridad sanitaria y cómo construir un negocio sin vender su palabra por dinero rápido.