Nunca había mostrado tanto interés por alejarme del trabajo.
Mientras tanto, Inés apareció inesperadamente en mi oficina.
—Escuché lo de tu trenza. Qué desgracia —comentó, mirando directamente la campana vacía—. Podemos comprar juntas el edificio. Así no tendrás tantos problemas.
—Lo compraré sola.
Su sonrisa desapareció.
—Entonces espero que tu banco no te falle.
Tres días después asistí al estreno de una obra teatral. Doña Elvira estaba sentada en un palco cercano, acompañada por Lucía.
Durante el segundo acto dejé mi bolsa en el asiento mientras saludaba a unos conocidos.
Al regresar a casa descubrí que faltaba mi identificación oficial.
No habían tocado mi dinero ni mi teléfono.
Solamente mi INE.
Recordé inmediatamente la extraña actitud de Lucía cuando me vio en el teatro.
A la mañana siguiente presenté el reporte correspondiente y acudí al banco para solicitar medidas de seguridad sobre mis cuentas. El gerente me explicó que, si alguien intentaba utilizar aquella identificación reportada, podrían bloquear temporalmente mis operaciones mientras investigaban.