No le dije a mi mejor amigo que me iba cinco años porque me a-cu-só de pla-gio para proteger a otra mujer

—Bien.

Esperó.

Yo no dije más.

Entonces preguntó:

—¿Alguna vez podrías perdonarme?

Pensé antes de responder.

—Probablemente ya lo hice.

Sus ojos se iluminaron demasiado rápido.

Levanté una mano.

—Pero perdonar no significa regresar.

La luz desapareció.

—Lo sé.

—No creo que lo supieras hace tres años.

—No.

—Ahora sí.

Lo miré.

—Entonces estamos bien.

Su garganta se movió.

—¿Eso es todo?

—¿Qué más quieres?

La pregunta no era cruel.

Era sincera.

Adrián miró por la ventana.

—No lo sé.

Y por primera vez le creí completamente.

Antes de marcharnos, hizo una pregunta.

—¿Puedo saber por qué cinco años?

—¿Qué?

—El proyecto.

—¿Por qué aceptaste un contrato tan largo?

Sonreí.

—Porque era una oportunidad excelente.

—¿Solo eso?

—¿Qué esperabas?

—Pensé que te habías ido por mí.

Negué.

—Me fui después de lo que hiciste.

—No por lo que hiciste.

Me miró.

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