Quién camina contigo

Afuera, el viento azotó un costal contra la pared y él se sobresaltó. Metió el sobre en un cajón y lo cerró a toda prisa, sin verme. Pero antes de que el cajón se cerrara alcancé a ver la letra inclinada del remitente, una letra que conocía de otros tiempos, de tarjetas de cumpleaños que llegaban tarde. Y leí el apellido, claro como una bofetada: Herrera. El apellido de mi exmarido. El apellido de Rubén.Parte 2. ¿A qué hora, mija?

Esa noche casi no dormí. Oí a Ernesto entrar a la cama pasada la medianoche, quedarse de espaldas a mí y respirar como alguien que finge dormir. Por la mañana ya se había ido a la bodega, y en la cocina solo quedaba la cafetera tibia y una taza sin lavar. Camila bajó con su maleta deportiva, tomó una manzana y se fue a la escuela sin decir casi nada. Yo me quedé mirando el programa de la ceremonia, pegado al refrigerador con un imán de vaca. Decía, en letras doradas: 6:12 p. m., número diecisiete, Camila Herrera.

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