“Feliz cumpleaños. No estés triste.”
Ese día mi mamá había estado hospitalizada haciéndose estudios. Mauricio me había dicho que tenía una capacitación y no podía acompañarme.
Después abrí el historial de ubicaciones.
El residencial de Valeria aparecía guardado bajo un nombre:
“Bodega”.
Diecisiete visitas en tres meses.
La última había comenzado a la 1:08 de esa misma madrugada.
Miré las pantuflas de Valeria, su cabello recién lavado y la marca roja que tenía en una muñeca.
—Diecisiete veces en tres meses —dije—. Qué cantidad de documentos urgentes manejan en esa empresa.
Valeria empezó a llorar.
—Mariana, no es lo que crees.
—Todavía no te he dicho lo que creo.
Y entonces ocurrió algo que jamás habría esperado.
Teresa se colocó delante de ella, protegiéndola.
—¡Ya déjala! Si Valeria no hubiera llamado a la ambulancia, mi hijo estaría muerto.